POR QUÉ NO DEBERÍAS EDUCAR A TU HIJO EN JAPÓN

Konnichiwa! Soy Kira, un psicólogo y emigrante con 13 años residiendo en Japón.

En este debate extenso te explicamos lo mejor y peor de criar a un hijo en Japón, y el por qué concluimos que deberías evitarlo tras un profundo análisis de lo mejor y peor del sistema entre los 0 y 12 años de edad.

¿ES JAPÓN UN BUEN PAÍS PARA FORMAR A HIJOS?

Japón puede ser un buen país y un mal país al mismo tiempo según el concepto que tengas de educación.

El sistema educativo en Japón está enfocado a formar a futuros empleados y a conseguirles un empleo en una gran empresa al terminar la universidad, a la que un increíble 57,9% de los japoneses escolarizados termina yendo.

Desde 2018 son comunes las noticias en las que las empresas se pelean por conseguir a nuevos empleados. También son conocidas ya las noticias de estudiantes con más de 4 ofertas de empleo garantizado al terminar la universidad y sin saber por cuál decidirse.

El empleo para un estudiante universitario graduado en Japón está garantizado en más del 90%.

Si entiendes la buena educación de un país como el sistema que permite conseguir un empleo y llevar una vida digna (con un sueldo decente que cubra necesidades básicas), entonces el SÍ es rotundo. Japón tiene un buen sistema educativo. No tengo dudas de ello.

DEFINIENDO LA BUENA EDUCACIÓN

Para muchos pedagogos y para mí, las habilidades que me gustaría ver en mis hijas al terminar la secundaria son cuatro:

  • Pensamiento crítico
  • Capacidad para socializar y comunicarse
  • Buena habilidad para colaborar con otros
  • Creatividad

Y ya pidiendo lo ideal, la buena educación debería desarrollar:

  • Flexibilidad mental y
  • Equilibrio emocional

Estamos de acuerdo en que ningún país actualmente (ni siquiera Finlandia) capacita a los estudiantes en estas destrezas.

Sin embargo, Japón es el país en el que menos vas a ver estas destrezas cuando se compara con Francia, España o USA. Hablamos, por lo tanto, en términos relativos, no absolutos.

LO MEJOR QUE PUEDE OFRECER LA EDUCACIÓN JAPONESA

Japón tiene muchas cosas buenas que ofrecer a nivel educativo, pero encuentro que su sistema funciona mejor en adultos, en mentes ya maduras, que no en niños. La sensación que me llevo de los colegios en Japón es que mantienen una instrucción marcial, más propia de un ejército.

  • DISCIPLINA EN TODO: habilidad para cumplir las normas con constancia.
  • OBEDIENCIA CON VALOR POSITIVO: confianza en el método cuando éste viene de una figura reconocida como autoritaria.
  • EGO POCO INFLADO: la habilidad para identificar un beneficio grupal sin imponer el propio como el correcto.

La disciplina japonesa es uno de los mejores aprendizajes que me llevo de este gran país. El nivel de compromiso mínimo que los japoneses cumplen en el trabajo es ejemplar y envidiable. Solo tienes que pasar por China, Korea o Vietnam para ver la enorme diferencia en el trato al cliente.

La disciplina es un valor que quiero ver en mis hijas como resultado, pero no quiero que pasen por el sistema educativo japonés como proceso.

MI TOP PERSONAL DE HORRORES EDUCATIVOS EN JAPÓN

Por TOP personal me refiero al ranking de características que he sufrido personalmente en mis estudiantes japoneses en la universidad en Kioto durante 4 años y en escuelas privadas en 10 años en Japón.

REPRESIÓN EMOCIONAL

Los seres humanos tenemos necesidades físicas y emocionales que en Japón se convierten en defectos.

El japonés se siente amado cuando reconocen su contribución al grupo y según unas conductas prestablecidas. El mejor japonés es el que mejor sabe seguir literalmente el manual, no el que sabe llevar al grupo aunque para ello lo haga de forma un poco distinta. Cualquier rasgo de individualidad será tachado de error aunque se consigan buenos resultados.

El niño aprende rápido a no buscar soluciones por su cuenta. Aprende a seguir el manual para recibir el reconocimiento de los demás.

AUSENCIA DE INFANCIA

Demasiadas responsabilidades desde bien pequeños hacen que los niños no tengan tiempo de disfrutar, de permitirse errar, de probar una y otra cosa.

Los niños no tienen tiempo para jugar entre la escuela, clases de refuerzo, y clubs de actividades extraescolares.

Los primeros años que enseñé a niños de 10 a 14 años en escuelas privadas en Japón no podía creerme lo que los niños me respondían. Ante la pregunta “¿estás adicto a tal juego de moda?” me respondían, “Es que no tengo tiempo para jugar.”.

Un niño que no tiene tiempo para jugar… Léelo de nuevo. ¿No sientes escalofríos? A mí se me ponían los pelos de punta.

BULLYING SISTEMÁTICO

El sistema viene con la aplicación de acoso escolar instalada. Es muy difícil separar el acoso de la educación en un sistema basado en subyugar a los estudiantes para funcionen bien dentro de un grupo, reprimiendo para ello su individualidad.

La individualidad expresada, los rasgos personales, son vistos como un defecto que los demás niños van a atacar y profesores van a secundar fingiendo que no pasa nada.

Tu hijo tiene que ir acompañado de amigos en la comunidad para que le protejan en el colegio.

Los niños son comparados con un tablón de calificaciones que se cuelgan públicamente. Todos saben quién es el niño o niña con más dificultades y precisamente no van a ayudarle a superarlas sino todo lo contrario.

El castigo físico y el acoso moral incluidos en su fórmula educativa. Cada vez que paso por enfrente de las escuelas veo a los profesores de deporte gritando y reprendiendo a los niños como si fueran perros. Nunca me podré acostumbrar a eso.

SENTIMIENTO DE VALÍA HUMANA INEXISTENTE

Los japoneses se crían con baja autoestima. Están orgullosos de eso.

La valía humana, el sentimiento de ser alguien importante por tu condición como persona, en Japón no se desarrolla.

SENSACIÓN DE DEPENDENCIA DEL SISTEMA E INDEFENSIÓN

La educación japonesa convierte a los niños en instrumentos que pueden servir o ser inútiles, sin valía por lo que son sino por lo que pueden aportar.

Este modelo funciona en una empresa y en el ejército, pero tiene consecuencias nefastas en lo personal. El amor condicional es la norma. Los niños se convierten en adultos desconfiados que temen ser usados y así evitan el contacto con otros.

 


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